Justo en el extremo se observa el diálogo que mantienen la roca y el agua.
La roca callada escucha le eterna cantinela del agua. Esta, aturrullada, habla y habla, sus palabras chocan contra la piedra como caricias contra la piel. La roca se muestra indiferente ante las constantes caricias mientras su corazón esboza una suave sonrisa. No muestra su felicidad, es una roca.
El agua, perdidamente enamorada, continua con sus caricias esperando que algún día ella le responda. No sabe el agua que cuando el viento roza sus olas deposita sobre ellas los besos que su amada le envía a escondidas.
El agua, perdidamente enamorada, continua con sus caricias esperando que algún día ella le responda. No sabe el agua que cuando el viento roza sus olas deposita sobre ellas los besos que su amada le envía a escondidas.
La roca continua mostrando su indiferencia mientras el agua persiste en su cortejo, pero la roca no tiene corazón. Inundada de sentimiento se emociona y... no llora. La roca es una roca y las rocas no lloran.
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Cabo Peñas |